sábado, 7 de marzo de 2015

Fangirl de Rainbow Rowell

Cuando empecé este blog no tenía intención de hacer reseñas, si bien ya os he comentado algunas lecturas en mis entradas conforme iba compartiendo con vosotr@s mis historias. Pero los libros son parte tan importante de mi vida que, de vez en cuando, os haré partícipe de algunas de mis lecturas como en los blogs literarios. Y como últimamente he hablado de literatura juvenil, no podía empezar con una novela que no fuera de este género. Así que, ¡vamos al lío!

                                      

                                          



FANGIRL
Rainbow Rowell
Editorial Alfaguara, 2014
Nº de páginas: 512 págs.


SINOPSIS
Cath y Wren son gemelas idénticas, y hasta hace poco lo hacían absolutamente todo juntas. Ahora están a la universidad. Wren le ha dejado claro que no piensa compartir habitación con ella. Para Wren es una oportunidad única de empezar de cero y conocer gente. Para Cath no es tan fácil. Es terriblemente tímida. Su único mundo es ser fan de Simon Snow, donde ella se siente a gusto, donde siempre sabe exactamente qué decir y donde puede escribir un romance mucho más intenso que cualquier cosa que haya experimentado en la vida real. Sin Wren, Cath se siente completamente sola, fuera de su zona de confort. Tiene una compañera de cuarto antipática, siempre acompañada de su atractivo novio, una profesora de escritura que piensa que el fan fiction es el fin del mundo civilizado, un guapo compañero de clase, que sólo quiere hablar de palabras. Y además no puede dejar de preocuparse por su padre, que es amoroso y frágil y nunca ha estado realmente solo. Ahora Cath tiene que decidir si está dispuesta a abrir su corazón a los nuevos amigos y a las nuevas experiencias, y se está dando cuenta de que hay mucho más que aprender sobre el amor de lo que nunca creyó posible.


Rainbow Rowell nació en 1973 en Nebraska, Estados Unidos. Es una escritora estadounidense de novelas contemporáneas para adultos y jóvenes, entre las que se cuentan hasta la fecha Eleanor & Park y Fangirl, ambas con una gran cantidad de elogios de la crítica en 2013. 




Esta es la primera novela que leo de la autora así que no sé si difiere mucho de su antecesora, tan bien acogida entre el público adolescente y parte del adulto. Así que me limitaré a las impresiones que esta me ha causado y tendré que dejar para más adelante las comparaciones con Eleanor & Park.
Efectivamente, tal y como señala la sinopsis, esta es una novela de aprendizaje y nuevas experiencias en muchos aspectos. Cath y su gemela Wren empiezan la universidad tras la seguridad que ofrece haber pasado tantos años en el instituto con los compañeros de siempre, en un pueblo de Omaha y en la casa familiar. Aunque ellas solo hayan tenido  a su padre para cuidarlas al ser abandonadas por su madre cuando eran muy pequeñas y con una inestable salud.
Y para colmo Cath y Wren son totalmente opuestas. Para Cath, la voz cantante de esta historia, será todo un reto superar su primer año universitario. Pues es extremadamente tímida y vive recluida en su habitación en la residencia de estudiantes enganchada a su portátil escribiendo Simon, adelante un fan fiction de una serie de libros de la escritora Gemma T. Leslie que se ha hecho mundialmente famosa y que incluso se ha llevado al cine. Vamos, al estilo Harry Potter, Crepúsculo o Los Juegos del Hambre.
El hecho de que su gemela no haya querido compartir habitación con ella también supondrá un desajuste en la manera de ser de Cather (su nombre completo). Tendrá que lidiar con Reagan, un bellezón  e impulsiva compañera de cuarto que parece tener por costumbre ir acompañada a todas partes por Levi, un simpático y guapísimo estudiante, a los ojos de Cath, que trabaja por horas en un Starbucks y con el que empezará a sentir algo más que el típico amor de instituto de “tú me gustas; yo te gusto, pues ya somos novios”.
Pero no solo será Levi quién la confunda. En la asignatura de Escritura Creativa conocerá a Nick, el mejor alumno de la clase y un chico muy ambicioso, y a la profesora Piper, que pretende ayudarla a aprovechar su talento como escritora pero que menos tiene lo que Cath más ama: el fan fiction y su querido Simon Snow.
En este hervidero de personajes e historias de amor, palabras, fiestas, familia y ficción, Cath tendrá que aprender a sobrevivir e ir dejándose llevar poco a poco para descubrir que existe todo un mundo por vivir y que la está esperando más allá de su portátil. Un chica que siente con el estómago, no con el corazón.

La opinión que me ha merecido la historia en su conjunto no es demasiado buena. Aunque me ha resultado muy original y todo un descubrimiento desde mi ignorancia sobre el fan fiction, el hecho de intercalar la historia de Cath con las de Simon Snow, esperaba más de su protagonista. Yo también fui adolescente y universitaria y encuentro el tratamiento de la timidez de Cath excesivo. Quizá la edad y que nunca he sido precisamente introvertida no me permite ser muy objetiva al respecto, pero también he conocido personas no muy dadas a sociabilizar. Estoy acostumbrada a leer autores/as que van un paso por delante y tratan las relaciones y el sexo de una manera más abierta, sobre todo teniendo en cuenta la edad de Cath y Levi (dieciocho y veintiún años respectivamente). Pero como ya os he mencionado al principio, esta es la primera novela de Rainbow Rowell que leo y si este es su estilo pues bienvenido sea para aquellos que buscan una lectura más ligera en ese sentido.
El lenguaje es ágil, los capítulos cortos y los diálogos ingeniosos (sobre todo entre las gemelas y entre Cath y Levi); y el personaje de Reagan le da frescura. Aunque su manera de ser y hablar la haga parecer antipática, es auténtica y verdaderamente alguien que podrías encontrar en cualquier facultad, en el trabajo o en tu vecindario.
Tendré que esperar a leer Eleanor & Park para saber si le doy otra oportunidad a esta autora o su estilo no casa con mis gustos literarios juveniles.

Por cierto, para los que ya os habéis leído el libro, de estos dos fan arts que he encontrado por la red, ¿con cual os quedáis?
A mí me ha costado decidir pero creo que opto por el que queda a vuestra derecha.  A parte de incluir también a Nick y la compañera de habitación de Wren, Courtney, el parecido es mayor a como yo los imaginaba.
¿Qué opináis?














jueves, 5 de marzo de 2015

¿Amistades peligrosas? Peor, tóxicas.




Una vez tuve amigas. Ahora ya no. A ver, tengo muchos conocidos/as del lugar donde vivo, donde he trabajado y amistades que aunque haga años que no ves, un día te encuentras o conectas con ellas por la red y quedas para un concierto o una cena. Pero lo que se dice amig@s para tomar un café, whatsappear, ir a ver una película o de compras, no tengo.
Y no, no soy rara o antipática. Aunque en lo de rara tendría que especificar un poco para aquellos que consideran que cuando llegas a cierta edad hay actitudes u opiniones que no son las “correctas”. En fin…
Al contrario, soy una chica extrovertida, a la que le gusta conocer gente y compartir aficiones e intentar “salvar el mundo” mientras degusta una taza de café. ¿Entonces cual es el problema?, os preguntareis. Pues que llega un momento en que tu círculo de amistades va tomando senderos diferentes al tuyo con el agravante de que tú te vas quedando atrás como si de una competición se tratara y si no puedes seguirles el ritmo, te pierdes. Aunque en mi caso no fue que me perdiera sino que me alejé por voluntad propia.
Tenía un bonito grupo de amigas en la universidad con las que pasé momentos muy agradables. Desayunos y campanas en la cafetería de la facultad, grupos de estudio en la biblioteca, cenas en restaurantes temáticos, charlas sobre programas de televisión que ahora me parecen horribles, etcétera. Y esa amistad se alargó más allá de la licenciatura y duró unos cuantos novios nuevos, alquileres y compras de pisos, con alguna boda y el nacimiento de los primeros hijos (en este caso hijas porque fueron todo niñas).
Pero como ya os comenté en la entrada “Conociendo a la chica que hay en mí”, no todo es tan fabuloso como nos lo pintan en la tele, los libros y las películas. Si ya en la universidad yo era la única que escuchaba música rock, vestía heavy y sentía atracción por lo gótico (motivo por el cual yo nunca dejé de ir con ellas aunque fuera a una discoteca a bailar lo que sonaba en Los 40 Principales), la crisis o la falta de un empleo digno, mi falta de interés por las rebajas, vestir con trapitos caros, cenar cada dos por tres fuera de casa en algún sitio chic o la idea de procrear, hicieron temblar y derrumbar de un solo golpe aquella amistad de tantos años. Pese a mis diferencias yo siempre estuve allí cuando se me necesitó y lo dí todo. Pero como en la relaciones de pareja, debe ser recíproco porque sino llega el día en que te cansas de dar y no recibir nunca. Así que corté por lo sano como lo hiciese con un novio y seguí mi propio camino con mi ética y moral intacta y la cabeza bien alta por ser fiel a mis convicciones y no haber tomado el camino fácil de dejarme arrastrar por la corriente.

“No sirve de nada quitarte el zapato o cambiar de camino si conservas la piedra.”

Y ahora me cuesta horrores encontrar a alguien que no me vea como un “bicho raro” por estar cambiando constantemente de trabajo (como si fuera algo que a mí me apeteciera y no por la terrible situación económica en la que está sumergida todo el país); no querer tener hijos; leerme una media de dos libros por semana, que mi ropa favorita sean unos jeans con alguna camiseta divertida y unas Converse, medite una vez al día con incienso y música relajante, trate a mi perro como a una persona o haya visto todas las películas de Monster High, Marvel o las series de Disney Channel.
En general me la trae al fresco que la mayoría piense así de mí porque tengo la suerte de tener una pareja que es tan friki como yo, a parte de ser mi mejor amigo; mi mascota que siempre está ahí para recibirme dando saltos de alegría y muchos lametazos, mis libros; y unos padres que aún me regalan pendientes de calaveras y cruces aunque no sea ningún día especial.
Pero mentiría y sería hipócrita no reconocer que a veces me siento sola y no estaría de más contar con un amig@ que te acepte tal cual eres y deje los convencionalismos de lado.




“Nunca dejes desaparecer la sonrisa de tus labios aunque tu corazón llore.”


miércoles, 4 de marzo de 2015

Literatura Juvenil Parte 2: Sin tabúes

Mi relación con la literatura juvenil va más allá del disfrute de su lectura y sus atractivas portadas. Siento una envidia sana por las historias que narran y l@s chic@s afortunad@s que pueden leerlas justo ahora cuando pueden sentirse un personaje más; verse reflejados en ellos e incluso hacer más llevadero sus tristezas, sus alegrías, sus fantasías, miedos o complejos. La narrativa juvenil de hoy ofrece un gran abanico de temas que una persona de mi edad no podía imaginar en la época de Enid Blyton. Para resolver nuestras inquietudes acerca de temas como la sexualidad, las drogas, padres divorciados o afrentas entre compañeros de clase, o bien tenías la suerte de tener unos padres muy enrollados (cosa bastante improbable, dado que ellos pasaron a su vez por lo mismo en un ambiente aún más represivo) o bien acudías al quiosco más cercano y te comprabas la Súper Pop, Ragazza, etcétera, y mirabas series de televisión como “Sensación de Vivir” o “Al salir de clase”. Lo que era un gran error porque lo único que sacabas de todo ello eran más clichés insufribles sobre ser la más popular, la más guapa, la más lista y con el novio más cañón aunque no tuviese neuronas en el cerebro. Total ya estabas tú para hacerle sentir bien. ¡¡Puaj!! Siempre la misma historia. 

Por ejemplo, volviendo a nombrar la saga de El club de los incomprendidos de Blue Jeans, vemos que en ella encontramos un grupo de amigos que reúne la mayoría de estereotipos con los que los jóvenes se afrontan a su día a día y las largas jornadas de instituto. Y aquí os aviso de que hay spoilers, así que si todavía no os habéis leído los libros, quizá es mejor que no continuéis leyendo. ¡¡Pero leedlos porque son geniales!!

Tenemos a la guapa Elísabet que, a pesar de tener un físico envidiable, no sabe encajar las negativas y padece una enfermedad o trastorno mental que hará tambalear su vida más de lo que ella quisiera. Valeria, la mejor amiga de Elísabet y nueva en el instituto, que al estar enamorada del mismo chico tiene miedo de tomar una mala decisión al respecto, pues sabe que puede perderla. Raúl que aspira a ser director de cine y esconde un secreto a sus amigos. Bruno, escribe cartas de amor porque no se atreve a declararse y expresar sus sentimientos en voz alta. Ester conocerá demasiado pronto que hay hombres que no saben que cuando una chica dice no es NO. Y María o Meri que se considera un patito feo y busca su sitio por su condición sexual.




Un total de cuatro libros ¡Buenos días Princesa!; No sonrías que me enamoro; ¿Puedo soñar contigo?; y Tengo un secreto: El diario de Meri y una novela que el autor dedicó a uno de sus protagonistas para sorpresa y alegría de sus fans, El club de los incomprendidos: conociendo a Raúl, en los que a través de  estos seis jóvenes vivimos la realidad del acoso, la homosexualidad, las traiciones, la extrema timidez, la baja autoestima o el sexo. Todo ello sin ahorrar detalle, sin pelos en la lengua y con un lenguaje claro, conciso, directo y cercano tanto para el público joven como para el adulto.







Porque os puedo asegurar y, con eso me refería a la envidia sana, que cada uno de los temas que se tratan son expuestos con mucho talento y la delicadeza o crudeza (según se mire) que merece cada uno de ellos. Y a mí me reconforta que los adolescentes tengan a mano este tipo de literatura si les puede ayudar a ser más felices; sentirse menos fuera de este mundo o encontrar gracias al fenómeno fan gente como ellos que los comprendan y les hagan más fácil el tránsito de la juventud a la edad adulta.


Lo que me lleva a pensar y compartir con vosotr@s el hecho de que estos chic@s no crecerán (o eso quiero pensar) con los clichés de una sociedad que por miedo, vergüenza, pudor o llamadlo como queráis, se nos impusieron y que ha dado como resultado personas infelices o insatisfechas. Porque eso es lo que veo en la cara de mucha gente de mi edad a no ser que se les haya caído la venda de los ojos o hayan tenido las suficientes agallas para decir basta y tomar las riendas de su vida. Vosotr@s también lo podéis ver: matrimonios infelices que se soportan porque es más cómodo que tener que pasar por un divorcio o, peor aún, por los niños; amistades que solo se aguantan porque se conocieron de pequeños y piensan que sería ofensivo romper esa amistad y conocer gente nueva; personas que por miedo a perder su lugar de trabajo sufren acoso o abusos de sus superiores o algún compañero/a…

Así que dejaros de tonterías y sacudid todos vuestros prejuicios; coged un buen libro como los que se indican en esta entrada o la anterior (os aseguro que os encantarán) y disfrutad como niños con zapatos nuevos.

Porque “La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía.” GANDHI







martes, 3 de marzo de 2015

Literatura Juvenil Parte 1




Hola chic@s. Ya estoy de vuelta por aquí. Disculpad la ausencia pero buscar trabajo llega a ser incluso más cansado que trabajar. Al menos cuando lo tienes dispones de una rutina pautada y unos horarios ya establecidos. Sino te pasas el día de un lado a otro, hojeando todas las páginas web de empleo y yendo de aquí para allá a las ETT’s o empresas de las que te llaman para entrevistarte. Un autentico descontrol y muchos nervios, vaya.

Es en momentos como el que estoy pasando ahora cuando acudo a uno de mis géneros literarios preferidos: el juvenil. Ya sea misterio, amor, fantasía, terror o simplemente una historia sobre la amistad entre chicos y chicas, es la lectura que necesito para huir del mundo de los adultos con sus responsabilidades y sus clichés (de los que ya he mencionado algunos en entradas anteriores y de los que sabéis que no me identifico con ellos para nada).
A ver, entendedme, soy adulta y me preocupo por pagar las facturas, tener el piso en condiciones y cuidar de los míos (que nuestros padres se van haciendo mayores y cada día nos necesitarán más). Pero los que ya me vais conociendo sabéis que tengo síndrome de Peter Pan y necesito alejarme de las obligaciones y conectar con la chica que hay en mí.

Y hay que reconocer que hay tantos libros buenos y con portadas o ediciones tan atractivas, que mi lista de libros pendientes de este género es interminable y no creo que pueda llegar a leérmelos todos nunca. Crecí con cubiertas bastante anodinas de las editoriales que por entonces llenaban las estanterías de cualquier adolescente o de las bibliotecas municipales; con tramas más o menos atrayentes.  Y ahora entras en una librería y alucinas con cubiertas muy trabajadas que van desde colores muy vivos a fotografías de paisajes, objetos o chic@s con los que enseguida un adolescente se puede sentir identificado o la siniestralidad de los libros de fantasía o ciencia ficción. ¡¡Hay novelas que solo las comprarías por el diseño de sus portadas!!

Por poneros algunos ejemplos variados de las que sí me he leído os puedo mencionar las sagas de El club de los incomprendidos de Blue Jeans; Retrum u Oblivion de Francesc Miralles; o Cazadores de Sombras de Cassandra Clare. O las novelas La gramática del amor y El corazón de Hannah de Rocío Carmona; Ángeles desterrados, Como desees, Ojos azules en Kabul o Dead7 de Anabel Botella, o la novela que estoy leyendo ahora Fangirl de Rainbow Rowell, de la que espero poder comentaros mis impresiones una vez la acabe. Para los que también las habéis leído estaréis de acuerdo en que son irresistibles tanto por lo que narran como por su presentación.

Y solo he mencionado unos cuantos, todos españoles por cierto porque aquí hay mucha calidad y mentes extraordinarias. Pero la lista es interminable y con el anuncio de cada nuevo libro aparecen historias y ediciones aún más completas e irresistibles para los adictos al género.

Vaya, que al igual que cuando necesito ropa o calzado paso de la ropa de colores aburridos o sobrios “más adecuados” para mí y me abalanzo a por las camisetas, sudaderas y zapatillas de deporte de colores o con dibujos divertidos; cuando voy en busca de lectura también me dejo deslumbrar por la calidad, para mí artística, de las novelas que escojo como lectura. Y ya sé que much@s de vosotros diréis que es normal porque son estrategias de marketing y todo eso pero os aseguro que si de pequeña ya me gustaba leer, a día de hoy hubiese pasado de las muñecas y los juguetes en general para atosigar a mis padres para que me compraran libros nuevos cada semana.

¡¡Viva el color y la literatura juvenil!!




viernes, 27 de febrero de 2015

Chica 4x4



¡¡Hola chic@s!! Hoy no me he podido pasar por aquí en todo el día y puede que mañana tampoco. He tenido que sacar el todo terreno que llevo dentro porque tenía una entrevista de trabajo (todavía no sé nada y, si ha ido bien, aún me queda una prueba más); cumplir con las tareas domésticas; y acompañar a mi pareja a hacer unas compras.

¡¡Un día a la carrera y de locos!! Menos mal que ya es viernes…

Así que ahora me voy a dar un homenaje y mientras ceno voy a ver la película Burlesque con Cher y Christina Aguilera.


¡¡Buen fin de semana!!

jueves, 26 de febrero de 2015

En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza... ¡Chocolate!



No recuerdo haber pasado ni un solo día sin comer chocolate. Bueno, a excepción de cuando he pasado por alguna gastrointeritis. Pero por lo demás daba igual si estaba resfriada, con gripe, dolores menstruales o jaqueca. Mi ración de chocolate nunca ha faltado en mi dieta.

¿Suspendía un examen? ¿Me enfadaba con una amiga? ¿Tenía una bronca monumental con mis padres? ¿Me dejaba el novio? ¿Me despiden del trabajo? Chocolate.

Y no solo para las malas rachas. Si cambiamos las preguntas a ¿Aprobaba un examen? ¿Me lo pasaba genial con una amiga? ¿Mis padres estaban de buenas conmigo? ¿El chico que me gustaba se fijaba en mí? ¿Encuentro trabajo? Pues chocolate también.
Porque, ¿qué hay mejor para curar las penas, hacer más llevadero el día a día, celebrar la vida o darse un capricho porque sí?

Y a mí que no me vengan con lo de que te salen granos en la cara o que te vas a engordar porque paso. Hace tiempo que dejé de preocuparme por mi talla de pantalón. Llevo una dieta equilibrada, camino bastante y bebo un montón de agua. Y eso es todo. Bueno, el hecho de vivir en un cuarto sin ascensor también ayuda a controlar el peso. Pero lo que vengo a decir es que soy de esas chicas que cree firmemente que si no peligra mi salud, el chocolate y otros dulces se quedan conmigo.

Y sí, reconozco que tengo pareja desde hace mucho tiempo y eso también sea quizá una ventaja. Dejadme que os diga que estáis muy equivocadas. Hay que seguir cuidándose para una misma y para que él te siga mirando con ojos golosos (sí, esos mismos ojos que yo misma pongo delante del escaparate de una bombonería o cuando ya estás esperando para pagar en la cola del súper y, de pronto, empiezan a aparecer allá donde mires barritas de Kit Kat, Mars, bolsas de M&M´s, entre otros) que te dicen que quieren hacer contigo cosas maravillosas.

Pero hay algo más complejo y delicado en todo este asunto que voy a compartir con vostr@s por si os puede servir de ayuda o aunque solo sea para sofocar vuestras ganas de cotilleo o morbo. Por fortuna o por desgracia, todavía no lo sé, mi compañero llegó a verme cuando yo pesaba tan solo cincuenta y dos quilos y medía uno setenta y cinco (soy una tía grandota) y creedme cuando os digo que me espanta ver fotografías de esa época. No padecí anorexia o bulimia si es lo que estáis pensando. Pese a que tuve que soportar muchos comentarios al respecto durante mucho tiempo.  Fueron los nervios. La presión por los estudios, la selectividad y sacar la mejor nota posible para poder entrar en la carrera que había escogido, consumían todo lo que llegaba a mi estómago y por mucho alimento que ingiriera no engordaba; al contrario, me consumía.

¡¡Ay!! Basta ya de cosas tristes que no estoy aquí para eso y continuemos nadando en sueños de chocolate y azúcar. Y para eso tengo alguna anécdota que contar.

Con esta espero y deseo que algun@ se sienta identificad@ ya que los protagonistas de esta historia son los bocadillos de Nocilla en las fiestas de cumpleaños infantiles (yo prefiero la Nutella mil veces, pero si me lo plantan en la cara no le voy a hacer ascos). No tengo descendencia pero sí sobrinos y su madre siempre celebra las fiestas en casa aprovechando que es verano y tienen terreno y una piscina enorme. Un montón de niño/as del colegio acuden en masa con sus respectivos padres de los que, por lo que he podido observar en todos estos actos sociales, solo uno conserva su niño interior. Todos los demás son los típicos padres y madres de los que ya os hablaba en la primera entrada de este blog. Perfectamente arreglados para la ocasión (los pequeñines no son una excepción); con sus refinados modales; sus charlas aburridas sobre trabajo; risas forzadas e impuestas cuando detectan que otro/a acapara la atención que hasta hace un momento era toda suya, y aparentando una felicidad conyugal y familiar que seguro que, en cuanto se suben al coche para irse a sus casas, se desmorona como un castillo de arena devorado por las olas. Y aquí soy yo la que encuentro un morbo especial ante tal despliegue de hipocresía. Así que volvamos al chocolate. Hay una escena que se repite en cada cumpleaños y es cuando mi cuñada saca la merienda con los consabidos bocadillos de Nocilla entre los de jamón york, queso, ganchitos, refrescos y demás chucherías. Parece que la norma o etiqueta social, llamadle como queráis, dicta que los susodichos bocadillos de Nocilla son para los niños y los padres beben algo más fuerte y como mucho picotean algo de aquí y de allí o se comen lo que sus churumbeles han manoseado o llevado a la boca y está feo tirar a la basura.  ¡¡Pues no!! La chica que hay en mí se rebela ante tanta tontería y ataca la bandeja de esos tiernos bocados de pan de molde sin corteza untada de esa maravillosa crema de avellanas que nos vuelve a tod@s loc@s. ¡¡Sin miramientos!! Y, ¿qué ocurre en ese preciso instante en que vas a llevarte ese delicioso bocado a la boca para olvidar, en parte, que estás en una fiesta infantil y que tú eres la única que ha venido sin niño? Pues que la mami más delgada; vestida de un blanco impoluto con su look ibicenco; sus perfectas mechas y cuidado maquillaje se acerca y, cogiendo un triangulito de esa delicatessen, dice: “No debería porque después no cenaré, pero hace tanto que no pruebo el chocolate…” Y le dan un minúsculo bocado que apenas les roza los labios y te sonríen como si fueseis amigas de toda la vida, mientras tú devoras tu bocadillo y le devuelves la sonrisa con los dientes llenos de Nocilla imaginándote a ti sumergiendo su cabeza en una fondue de chocolate mientras sueltas una carcajada diabólica. ¡¡Pero qué soberana tontería!! Estás en una fiesta para pasártelo bien y tus críos se lo están pasando bomba, así que disfruta tú también y deja tus ensaladas para cuando llegues a casa. Aunque tengas tres cumpleaños infantiles en una sola semana. ¡¡Date el gusto!!

Yo misma por mi cumpleaños tenía por costumbre llevar al trabajo un bizcocho casero con pepitas de chocolate e incluso, en una sustitución por maternidad, sorprendí a mis compañeras llevando ese día para desayunar un surtido de pastelitos y dulces de los que comíamos de niñas. Nos pusimos hasta las cejas de Pantera Rosa, Bonnie y Tigretón y Donettes. ¡¡Con qué subidón de azúcar trabajamos ese día!! Y ellas encantadas de haberse saltado las reglas por un día y haberse comido hasta la última migaja.


Por no hablar de mi etapa cupcakes en la que atiborré a toda la familia y amigos con cupcakes de vainilla, limón, chocolate e incluso le hice un pastel a mi sobrina de las Monster High. Lo divertido que era probar los sabores y rebañar el bol. ¡¡Muerte por chocolate y golosa!!




Y si con todo lo dicho hasta ahora todavía no habéis sucumbido a comer algún dulce (yo lo he hecho, por supuesto), os recomiendo unas cuantas lecturas que no os dejaran indiferentes al respecto.

“El club de las chocoadictas” y “La dieta de las chocoadictas” de Carole Matthews, donde cuatro amigas: Lucy, Autumn (como yo), Nadia y Chantal se reúnen en El cielo del chocolate o Chocolate Heaven en Londres, para desahogarse de un jefe demasiado coqueto; un novio tramposo; un esposo ludópata; y un desapasionado matrimonio.





“Encuéntrame en el Cupcake Café” y “Navidad en el Cupcake Café” de Jenny Colgan. Isabel “Issy” Randall y las recetas de su abuelo Joe son los protagonistas de una historia que tiene la siguiente presentación: “Si te gustan los pasteles y no usas la talla cuarenta desde hace tiempo, entra en esta novela y disfruta de la amistad entre mujeres, y de una historia que demuestra que si eres valiente puedes conseguir lo que te propongas”. Como para no leerlo. ¡¡Y encima con recetas!!






“El color del té” de Hannah Tunnicliffe. En esta novela, Grace Miller, inaugura en la isla de Macao (China) una cafetería donde sirve té, café y macarons, “las deliciosas galletas francesas del color de las piedras preciosas”.




“La mejor manera de comerse un caupcake” de Meg Donohue. Dos amigas enemistadas y totalmente opuestas, Annie Quintana y Julia St. Clair, que abren una pastelería en San Francisco con la intención de enmendar sus errores.



Y no podía dejar de mencionar “Chocolat” de Joanne Harris. Yo no he visto la película bajo la dirección de Lasse Hallström. Aunque el reparto está muy bien con Juliette Binoche en el papel de  Vianne Rocher; Johnny Depp; y Judi Dench. Personalmente creo que se disfruta más la novela porque agudiza mucho más tus sentidos que lo que ya te ofrece una imagen en la pantalla.




Pero no todo es literatura y cine. También se puede disfrutar de los placeres del chocolate y los dulces en los programas de televisión Guerra de Cupcakes; Dulces e increíbles; con Alma Obregón y muchos más.
Y ahora si me perdonáis voy a por una onza de chocolate que me la he ganado. Y del negro. ¡¡El preferido de la chica que hay en mí!!

POSDATA: agradecería que si alguien conoce más novelas de la misma temática, películas o programas de televisión dejara un comentario para echarle un vistazo. Gracias.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Canas, arrugas y libros

Acabo de darme otra vez el tinte y no por gusto precisamente sino para taparme las canas. ¡¡Si todavía no he llegado a los cuarenta!! Ay, con lo que había llorado y pataleado suplicando a mis padres que me dejaran teñirme el pelo de color rosa, azul o morado. Pero de su boca solo salía un NO rotundo y “que no se vuelva hablar del tema o aún te quedarás sin salir el fin de semana”. Y ahora lloro y pataleo cada vez que veo un pelito blanco asomando en las sienes… Snif, snif!! Esta parte resulta un coñazo y un lastre para mantener a la chica que hay en mí.

Y pensar que muchas de vosotras lo hacéis por gusto. ¡¡Estáis locas!! Ja, ja ;)

Y lo curioso es que hace tiempo que podría haber aprovechado la ocasión de tener que teñirme sí o sí, para hacer realidad mi sueño de adolescente pero, según el DNI resulta que me hago mayor y para trabajar o, en mi caso, para buscar trabajo, no está bien visto optar por un look como el de P¡nk, Avril Lavigne o Gwen Stefani en sus inicios con No Doubt. Aunque aún me queda un as en la manga con el pelo rojizo de la cantante de Paramore, Hayley Williams. No sé por qué pero parece que el rojo es un tono más aceptado y correcto por la mayoría. ¡¡Si hasta las abuelas lo llevan!! Es más, os prometo que donde vivo hay una señora mayor que no solo lleva el pelo de ese color sino que toda ella va vestida, calzada y con complementos rojos. Si un día la pillo le hago una foto y os la cuelgo para que lo veáis con vuestros propios ojos.





En cambio lo de las arrugas parece que lo lleve mejor. Qué cosas. De momento son “signos de expresión” gracias a que las mujeres de mi familia tenemos muy buenos genes al respecto. Y una abuela muy presumida que me enseñó ya de jovencita los secretos de una buena higiene facial aunque no usara maquillaje. Sabios consejos los de una mujer mayor que también se ha sentido una chica toda su vida.

Y esta última reflexión me recuerda a mis últimas lecturas en las que la mayoría de protagonistas eran mujeres maduras o mayores pero con un espíritu muy risueño.

La primera de ellas es Kate Salomon de “La boda de Kate” de Marta Rivera de la Cruz. La señorita Salomon es una encantadora mujer de 71 años originaria de Inglaterra pero afincada en la población de  Ribanova, donde comparte casa con sus dos mejores amigas Anna Livia y Shirley. Dueña de una librería y heredera de las novelas póstumas de su tío Bertie, se reencontrará con el amor de su vida, Forster Smith, a esta tardía edad para volver a vivir como una joven toda la planificación que supone su boda inminente, rodeada de los personajes más variopintos que la llevarán a descubrir lo joven que aún se siente y descubrir sorpresas que llegados a los setenta una cree no poder volver a vivir. 




La segunda es “La felicidad es un té contigo” de Mamen Sánchez. De todos los personajes que pueblan sus páginas, que no son pocos, me quedo con Berta Quiñones, “cabecilla” de la revista Librarte; la abuela Remedios, una entrañable gitana granadina que es más lista que el hambre.




Y por último, “La vida después” también de Marta Rivera de la Cruz. Aquí es Victoria Suárez de Castro, que ya supera la cuarentena, quién nos da una lección de amistad y lealtad aunque por el camino tenga que lidiar con conflictos relacionados con los celos, la envidia y los prejuicios que la misma sociedad causa cuando una mujer y un hombre declaran ser solo amigos.




Ya veis que no soy de las que hace reseñas de libros al uso. Prefiero dar una pequeña pincelada y remarcar lo que más me ha gustado del libro para dejar que seáis vosotr@s quién acabéis dando vuestro veredicto final.

¡¡Que tengáis un buen día!! Y recordad:

"No leas para dormir; lee para soñar".





martes, 24 de febrero de 2015

Opté por la chica que hay en mí

En la entrada de hoy voy a hablaros de mi gran pasión por la lectura, ya que sin los libros es imposible poder darme a conocer bien y recelo de las personas a las que no les gusta leer. Así que si eres de l@s que no lees ni los envases de champú en el baño, este blog no es para ti. Y aprovecho para decir lo mismo sobre el amor hacia los animales, la espiritualidad y la naturaleza. Sé que suena seco o incluso borde pero llega un punto en la vida de toda persona en la que es mejor sincerarse desde un principio y no perder el tiempo con personas que no puedan aportar nada bueno y de las que luego sea demasiado difícil prescindir por miedo a no saber decir no o dañarlas. Así que:

“Prefiero causar molestias diciendo la verdad, que causar admiración diciendo mentiras”.

Para mí los libros son como un buen paseo por la montaña para respirar aire fresco y poner en forma mi cuerpo y alma. Sus historias hacen más que distraerme. Me preparan para afrontar toda clase de situaciones al ponerme en la piel de sus personajes y sufrir, reír, luchar, sobrevivir o madurar con ellos. Y me complace enormemente ser tan ecléctica en cuanto a géneros literarios se refiere porque así el disfrute es mayor y las emociones imposibles de mesurar. Mis gustos van desde la literatura juvenil pasando por la romántica (pero nada de portadas con damas y caballeros con el torso al descubierto y títulos del tipo “El conde que me enamoró” o cosas por el estilo); el thriller; la novela contemporánea en general, y, por encima de todo, el chick lit.

De pequeña ya era  un ratoncito de biblioteca. Disfrutaba con las lecturas que nos recomendaban en el colegio, la mayoría de las colecciones El Barco de Vapor; Gran Angular o Edebé; y que aún guardo en cajas en el garaje de mis padres. Así que no es de extrañar que a día de hoy casi no quepamos en el piso por la cantidad de libros que ido comprando y devorando uno tras otro sin parar desde la adolescencia hasta mis treinta y tantos.

Y llegados a este punto, quiero hacer especial mención a un día clave en mi vida como lectora y que estoy segura de que much@s apreciareis u os sentiréis idetificad@s. El día que cayó en mis manos la primera edición en español de “El Diario de Bridget Jones”  de la mano de la editorial Lumen un 23 de abril de 1999 (aunque la novela original en inglés llevaba publicada desde 1996). Yo contaba con veinte añitos y ya llevaba unos cuantos diarios personales a mis espaldas contando todas y cada una de mis batallitas adolescentes; el no sentirme comprendida ni amada; no acabar de encajar en ningún grupo y bla, bla, bla; cuando empecé a leerlo y me encontré con esa curiosa manera de escribir un diario contando cigarrillos (yo por entonces también fumaba), calorías, copas y quilos. Pero sobretodo la manera tan desenfada y sin pelos en la lengua para soltar todo lo que te venga en gana de manera que ni yo me había atrevido a escribir de mis propias experiencias. También es cierto que aún me faltaba un mundo por vivir y quizá hoy no me hubiese impactado tanto como entonces. El caso es que agradecí que una autora como Helen Fielding abriera las puertas a lo que con el tiempo se acabaría conociendo mundialmente como género chick lit.  Y a la entrañable Bridget Jones siguieron las alocadas hermanas Walsh de Marian Keyes; y demás personajes femeninos de escritoras como Jane Green, Sophie Kinsella, Carole Matthews, Emily Giffin y tantas otras a las que recientemente se unieron también nuestras autoras españolas. Olivia Ardey, Regina Román, Olga Salar, Connie Jett son algunos ejemplos de que en nuestro país hay mucho talento y que podemos emular e incluso superar a las que ya se han consolidado como Best Sellers internacionales.
Y como no podía ser de otra forma, todas esas lecturas me ayudaron a descubrir que yo era más una chica de espíritu libre que se contentaba con poco, que una mujer obsesionada con todos los aspectos de su vida del tipo “no voy a encontrar nunca el amor verdadero; no me casaré; no tendré hijos ni una casa preciosa; no podré presumir delante de mis amigas; o disfrutar de unas vacaciones en una playa paradisíaca tumbada al sol sin hacer nada mientras la niñera se hace cargo de los niños”. Pero, ¡¡cómo los he disfrutado y lo seguiré haciendo!! Porque me hacen reír y valorar lo que tengo y son mis auténticos amigos y están ahí cuando los necesito.

Me quedé con mis libros, mi música, mi mascota, mis paseos, la compañía reconfortante de mi mejor amigo, los capuchinos y el chocolate aunque estuviera sin empleo e hipotecada hasta las cejas. Opté por la chica que hay en mí.


“Quizás te des cuenta algún día que la Vida no exigía tanto de ti, tanto sacrificio, tanto cansancio, tal vez solamente te pedía ser feliz”.

lunes, 23 de febrero de 2015

Una princesa gótica

Ya sé que es un topicazo pero, que difícil es afrontar el lunes para la mayoría de los mortales. Porque aunque os resignéis a creerlo, hay una parte de la población que es inmune al fatídico primer día de la semana. Debe ser genial…

Tanto si trabajas como si no, se hace cuesta arriba levantarte y encarar toda la semana que tienes por delante. Cuando estás en activo llegas a tu puesto de trabajo en estado catatónico aunque ya te hayas tomado el primer café de la mañana. Por cierto, a la hora que es, ¿Cuántos lleváis ya en el cuerpo? Pues yo ahora que lo pienso todavía ninguno. Nada más saltar de la cama no me sienta bien y después me he liado con lo de buscar trabajo y pasear al perro y aquí me tenéis dándole al teclado sin haberlo probado aún. Hay que poner remedio. Voy a darle a la Nespresso mientras sigo divagando aquí con vosotr@s. ¡¡Un momento!!




¡¡Ya estoy aquí con mi tacita de café!! Que se va a juntar con el de después de comer pero como los tomo descafeinados supongo que no hay problema.

Por donde iba… A sí, que cuando llegas el lunes al trabajo por mucha cafeína que lleves en la sangre tu cara es de “ya estamos otra vez aquí; con lo bien que me lo he pasado este fin de semana y que poco dura”. Y si no trabajas, te levantas con la sensación de no estar haciendo nada con tu vida y suplicando para que, antes de que termine la semana, te llamen para alguna entrevista de trabajo aunque después no vuelvas a saber de ellos pero acallando tu conciencia de que tú ya lo has intentado y que la próxima vez será. Pero la realidad es que la cuenta corriente va menguando y la sensación de “complejo de Cenicienta” por estar todo el día en casa haciendo tareas del hogar va in crescendo hasta límites inaguantables. Aunque sinceramente yo no soy muy Cenicienta porque si vierais como andan a sus anchas las bolas de pelusa allá donde mire…

Pero dejemos ya al lunes tranquilo que total ya hemos pasado mediodía y ya le falta menos para que acabe.

Ayer os contaba acerca del hecho de que mi vida se rige por unas pautas que no son las convencionales. Y es raro que no haya acabado siendo un prototipo más del que reniego. Pues siempre me educaron con mano dura tanto en casa como en el colegio. Mis padres no me dejaban pasar ni una y mi madre me vestía como a una princesita de cuento de hadas. Ya sabéis, vestiditos con lazo, zapatos de charol lustrosos, calcetines bordados, coletas de caballo, trenzas y todo eso. Y, ¡¡pobre de mí que me despeinara o echara a perder el vestido o los zapatos ensuciándome como cualquier niño normal que se tiraba por el suelo para jugar con las canicas, saltar a la comba o hacer “pasteles” con barro!! Era como los maniquís de las tiendas.
¡¡Y colegio fue peor!! De los tres a los cinco años fui a una escuela de monjas. No haré más comentarios. Ahí lo dejo. Y después me pasé doce años en un colegio privado que, aunque me dio una muy buena base educativa, para mi gusto fomentaban demasiado la competitividad entre sus alumnos y los profesores eran como tus segundos padres. Como si no tuvieras suficiente con los tuyos… Y después vino la etapa universitaria donde las amigas que hice también seguían el patrón estudiar para llegar a ser alguien en la vida, casarse y tener hijos.

Pero yo ya despuntaba maneras de pequeña. Por muy controlada que estaba mi vida por mis padres y la escuela, mi cabeza estaba en otro sitio y mi imaginación era desbordante. Eso me ayudo a escapar de lo convencional y me transformó en una niña un poco rarita frente a las demás. Me encantaba la Bruja Avería, sentía pasión por todo lo mágico y siniestro (ninfas, hadas, brujas, vampiros, fantasmas…) y me encantaban las canciones del género rock. Podría haber sido una princesita como mi madre quería, pero una princesita gótica. Una especie de Avril Lavigne o Amy Lee de Evanescence adelantada a su tiempo.
¡¡Y lo conseguí!! Con el tiempo, en la adolescencia, pude experimentar y coquetear con toda clase de estilos. Des del look hippie pasando por el heavy y el más melancólico gótico. Fue una etapa estupenda en la que la chica que empezaba a hacerse mayor por fin dejo de sentirse rara y disfrutó todo lo que pudo de la experiencia.

Mmmmm… El hambre empieza a apretar así que vamos a ver que hay de comer y luego quizá le demos más caña al teclado.

Enjoy your meal ;)



domingo, 22 de febrero de 2015

Conociendo a "La chica que hay en mí"

Esta es mi primera entrada y, antes de nada, querría aclarar por la descripción que hago de mi blog, que no soy ninguna feminista. Simplemente creo que ha llegado el momento de poner por escrito y dejar constancia en la red, de como me siento ahora que he llegado a cierta edad (treinta y tantos) y una serie de acontecimientos (propios o ajenos a mí), crean situaciones inverosímiles, algunas incómodas y otras que parecen sacadas de una novela o comedia romántica. También es un buen ejercicio de escritura. Pues siempre me ha gustado escribir pero de un tiempo aquí, no es que las musas me hayan abandonado, es que mi imaginación se ha evaporado por completo y creo que esta es una buena manera de intentar recuperarla. Aunque también se admiten consejos, ¡¡por descontado!!
Si nos fijamos en los clichés impuestos por la sociedad en general, de la que reconozco que no escapan libros, películas o canciones que yo misma leo, veo o escucho; en este preciso instante de mi vida tendría que estar casada; con 1,5 hijos; hipotecada de una buena casa con todas las comodidades; gozar de una profesión estable con una buena posición dentro de mi empresa o ejerciendo de perfecta ama de casa, dedicada exclusivamente a su hogar pero "encantada de la vida de cuidar de su marido, hijos y mascota". Respecto al físico sería esclava de las apariencias ante las demás mamás y amistades vistiendo buena ropa y adecuada a mi generación, por supuesto; iría más a menudo a la peluquería; y me pasaría la brocha por la cara con más asiduidad, no ya para estar más guapa (que eso también, claro) sino para enmascarar el cansancio de ser todo lo dicho anteriormente. Uf!! ¡¡Si es que solo de escribirlo ya me siento agotada!!
Y ahí no queda la cosa porque no todo es familia y trabajo. También se supone que tienes una relación madura y cordial con todos: amigos, familia, vecinos, escuela , niños o la cajera del supermercado. Participar activamente y alegremente, nada de caras impuestas de falsas sonrisas, en todos los acontecimientos que requieran de tu presencia. Y como no, ser una excelente amante en el dormitorio.
Vaya, ser un personaje de los que nos han vendido en series como "Mujeres desesperadas"o "Sexo en Nueva York". Porque por mucho que quieran transmitir todo lo contrario con personajes como Carrie Bradshaw o Gabrielle Solís, lo cierto es que detrás o entre ellas siempre habrá una Bree Van De Kamp, una Lynette Scavo o la entrañable Charlotte York. Y estos son solo dos ejemplos, pues incluso en la mítica y para mí queridísima "Friends", Monica Geller también soñaba con casarse, tener hijos y una buena profesión como chef. Y repito que yo misma fui adicta a todas ellas y no me perdí una sola temporada. Pero cuando se trata de tu vida y la venda cae de tus ojos, la realidad es muy cruel y el culetazo que te pegas es de campeonato.

Y de ahí el nombre de mi blog, La chica que hay en mí. 

Estoy casada, hipotecada de un un pequeño piso de dos habitaciones en un cuarto sin ascensor y tengo una mascota. Pero nada más. Ni hijos/as; ni una profesión o carrera profesional asombrosa (estoy en desempleo y sin cobrar ningún tipo de prestación o ayuda); ni gran vida social. Varios factores me han conducido hasta aquí, ya sabéis, la crisis y todo eso. Pero yo creo que la mayor parte se debe a esa "chica que hay en mí"; esa especie de Peter Pan o Campanilla que ve el mundo desde sus jeans y sus zapatillas de deporte; disfrutando de las historias maravillosas que esconden los libros; bailando sola en el salón con las canciones rock de siempre; comiendo chocolate; paseando a su perro; viendo dibujos animados; enamorada desde hace una eternidad de su pareja y soñando con un mundo menos cruel. Por eso no utilizo el apelativo de "mujer". ¡¡Yo todavía sigo siendo una chica!! Una chica sencilla, muy sensible y capaz de ser feliz con poca cosa.

Para resumir y que nos vayamos conociendo poco a poco, aunque con esta entrada no me he quedado corta precisamente; os dejo dos pensamientos que pueden definirme bastante bien y que ya iremos descubriendo sobre la marcha:

"La capacidad de emocionarte frente a las simples cosas no te hace débil, te hace más humano."

"Que no falte un beso que cause temblor,
que no falte una caricia que produzca calor,
que no falten en tu vida UN CAFÉ, UN LIBRO Y UN AMOR."